• Con la Pata Alzá

Qué datos personales (y cuáles no) hay que poner en la etiqueta identificativa de una maleta

La información básica que debe llevar el equipaje son el nombre y los apellidos del propietario; el correo electrónico, mejor si es uno secundario; y el teléfono, pero no el de casa.

Hasta el parón provocado por la covid, las aerolíneas transportaban más de 4.000 millones de equipajes a lo largo y ancho del mundo, “y el 99,57% llega a tiempo con sus dueños”, según puede leerse en la web de IATA (siglas en inglés de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo). Lo que significa que cerca de cuatro millones de maletas no lo hacían. Las cifras de SITA (multinacional de telecomunicaciones proveedora de servicios tecnológicos a la industria aeronáutica), hablan de 25,4 millones de pertenencias extraviadas en 2019, y de un 24% de aumento en la tasa de pérdidas entre 2020 y 2021, coincidiendo con la recuperación del tráfico aéreo tras la pandemia. Su último informe estima que el año pasado se perdieron 4,35 bolsas por cada mil pasajeros. Ese año 2021, contabilizó 2.280 millones de pasajeros y 9,9 millones de pertenencias circulando sin dueño por las cintas de equipaje de los aeropuertos de todo el planeta.


Incluso barajando los datos más optimistas, hay varios millones de maletas despistadas cada año. Más en épocas de mucha afluencia en los aeropuertos, como ahora en las vacaciones de verano, y especialmente en los vuelos internacionales (con un 8,7% de extravíos, frente al 1,85% de las rutas domésticas) y con escalas, donde ocurre el 41% de los incidentes, según el estudio de SITA.


A nadie le gusta ser el 0,43% de la estadística de IATA pero, si ocurre, es fundamental que nuestras pertenencias, tanto las que facturamos como las que llevamos en la cabina del avión, estén bien identificadas. Aunque sin olvidar tampoco los peligros de dejar a la vista demasiada información personal.

Los tres datos básicos que hay que poner, sí o sí, en la etiqueta identificativa de una maleta son el nombre y apellidos del propietario, el correo electrónico y el teléfono (con el prefijo nacional), según coinciden los expertos. El viajero puede optar por un correo electrónico secundario para evitar que el principal se le llene de spam. Puestos a indicar una dirección, esta podría ser la de la estancia en el lugar de destino, y la del trabajo cuando vayamos en el avión de vuelta. Nunca hay que dar señas de casa, ya que “puede alertar a ladrones de que no hay nadie ahí esos días”, advierte Víctor Torija, jefe de ventas y director de marketing en Maletas Queralt. Por el mismo motivo, el teléfono debe ser el móvil, no el fijo del hogar. “Tampoco conviene poner banderas de un país o de un equipo de fútbol, ya que, lamentablemente, siempre puede haber alguien a quien no le guste tu nacionalidad o tus preferencias futbolísticas”, precisa Torija, que lleva años trabajando en la fabricación y distribución de artículos de viaje.


También es recomendable hacer una foto del conjunto del equipaje, con sus etiquetas, antes de emprender el viaje, para facilitar su identificación en caso de problemas.


¿Y el equipaje de los niños?

Las maletas de los niños nunca deben llevar el nombre y señas de los menores, sino del adulto que esté a cargo de ellos. Es la mejor manera de proteger su identidad e intimidad.


Información fuera de la vista

Las etiquetas que facilitan las aerolíneas suelen ser de papel o cartón, y bastante endebles. Torija recomienda que sean de material duradero, resistente y con solapas, “para no dejar tan a la vista los datos personales”. Otra opción son los sistemas con código: las mochilas de la marca Cabin Zero (es solo un ejemplo), pensadas para equipaje de mano, incorporan un código individual que permite al buen samaritano que las encuentre registrarse en Okoban.com (sistema global de objetos perdidos usado por millones de personas en 198 países de todo el mundo) y localizar a su propietario sin necesidad de que este haya dejado escrita en ellas información sensible alguna.


Vuelos con escalas

En vuelos largos, con una o varias escalas (que ya hemos dicho que las carga el diablo), resulta interesante adherir en un lateral del equipaje el recorrido completo de la maleta: en caso de incidencia, será útil para dilucidar en qué recodo del camino cogió el rumbo equivocado. También puede pegarse una tarjeta profesional (nunca personal), en previsión de que la etiqueta se caiga en alguna manipulación o transporte.


Maletas inteligentes


La firma alemana de maletas Rimowa se alió en 2015 con la aerolínea Lufthansa para crear la Rimowa Electronic Tag, que incorpora una etiqueta electrónica para facilitar su facturación y comunicarse directamente con el personal del aeropuerto. Es el típico ejemplo que sale a colación cuando se habla de maletas inteligentes o smart bags, ya que, como reconoce Torija, “maletas con esta tecnología hay pocas”. Y, además, son muy caras (el equipaje mencionado, aún a la venta en algunas tiendas online, ronda los 1.000 dolares). También hay que tener cuidado si incluyen un sistema con baterías, que muchas compañías aéreas no permiten en la facturación, según alerta este experto. Actualmente aceptan el sistema Lufthansa, EVA Air y Swiss.

Poco a poco, las aerolíneas van anunciando la implementación de programas de etiquetas electrónicas pero, mientras esto ocurre, lo que sí se pueden comprar son dispositivos inteligentes externos: la información personal se encuentra en el teléfono móvil del propietario, y desde él puede rastrear sus pertenencias.


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